13 jul. 2011

La alianza estratégica que no acaba de cuajar

Mientras las economías de Estados Unidos y Europa se tambalean, América Latina parece soportar los embates de la crisis y consigue mantener crecimientos sostenidos por encima del 4%. Si considerásemos que los niveles de actividad emprendedora tienen un impacto significativo en el crecimiento económico de las naciones podría afirmarse que parte de ese crecimiento se debe a las altas tasas de actividad emprendedora que experimentan algunas economías latinoamericanas.

Según fuentes de Global Entrepreneurship Monitor (GEM) [http://www.gemconsortium.org] en los últimos años los mayores valores de tasa emprendedora se concentran en América Latina, destacándose naciones como Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, República Dominicana, Argentina, Chile, Brasil, Uruguay y Costa Rica, en los que esta tasa duplica o resulta ser muy superior a las tasas experimentadas por los países del grupo de las economías más desarrolladas.

No obstante, ese crecimiento no parece estar bien estructurado ya que un porciento muy bajo de esas nuevas empresas tiene componentes de base tecnológica y el emprendedurismo en la región responde esencialmente a situaciones coyunturales derivadas de las realidades y acuciantes necesidades de sus mercados, tal como refirió el Dr. Mark Anderson, experto en gestión de innovación y coordinador del Proyecto ALFA III Kickstart [http://alfa-kickstart.org/] cuando analizando esta situación señaló que “en América Latina el nivel de iniciativa empresarial en fase inicial se encuentra entre los más altos del mundo, según de GEM. Sin embargo, estas cifras se deben en gran parte al hecho de que en América Latina es bajo el bienestar social para amortiguar el desempleo y la pobreza y, como consecuencia, una gran parte de la iniciativa empresarial que tiene lugar en la región responde más a necesidades coyunturales que a las oportunidades. No obstante, esto pone de relieve una cuestión interesante: si las comunidades en América Latina y los individuos pudiesen estar más al corriente de los procesos de innovación, si las relaciones entre los gobiernos, universidades, empresas y la sociedad civil se tornasen más efectivas y, además, si sus redes deviniesen más internacionalizadas, facilitándose su acceso al conocimiento, los mercados e incluso a la financiación de manera más directa, ese innato espíritu empresarial en la región podría probar ser una fuerza poderosa.”

Cabría entonces formularnos la siguiente pregunta, ¿Cuál sería el panorama de América Latina si se lograse consolidar de forma armónica y coherente un sistema de cooperación y alianza entre gobiernos, universidades y empresas? No creemos que alguien pueda albergar alguna duda sobre el valor estratégico que desempeña en la sociedad contemporánea la alianza entre estos tres elementos como fuerza motriz del crecimiento y desarrollo económico. Lo que se conoce como relación triple hélice es apoyado, al menos retóricamente, por prácticamente todas las instituciones, al margen de su carácter público o privado, color político o alcance geográfico.

Sin embargo, cuando nos detenemos a analizar con un poco más de profundidad el panorama actual en el contexto de América Latina nos encontramos con una realidad que hace traslucir que políticas, directrices, programas y discursos institucionales se diluyen cuando llega el momento de pasar de la teoría a la práctica, cuando se hace necesario dejar de lado intereses gremiales e institucionales para aunar voluntades, capacidades y potencialidades en una ecuación que a simple vista resulta beneficiosa para todos los actores.

Sin menospreciar la importancia que tiene en este sistema de alianzas la participación de los gobiernos y su rol indispensable en la creación de condiciones favorables para el fomento de la ciencia y la tecnología, nos gustaría hacer abstracción de esta aleta de la hélice para concentrarnos en la relación entre sus otros dos componentes. Aunque vale la pena apuntar que la intervención de los gobiernos, tanto a nivel nacional como local, especialmente como promotores de políticas adecuadas de apoyo a la investigación y como agentes públicos de financiación, continúa siendo limitada.

Si Universidad + Empresa = Desarrollo entonces hay que romper barreras y encontrar potenciales alternativas de soluciones

Nos gustaría empezar reconociendo que en muchos países de América Latina hay signos de progreso cuando se analizan las formas y el volumen de contactos entre las universidades y las empresas, sobre todo con las PYMES que constituyen el eslabón fundamental de las economías latinoamericanas, pero resulta inevitable señalar que estos vínculos son aún de un perfil muy bajo e insuficiente y que, por regla general, responden más bien a colaboraciones puntuales y coyunturales que a la implementación de políticas institucionales que coordinadamente procuren potenciar sistemas adecuados de innovación y transferencia tecnológica.

Incluso, se aprecia todavía con relativa frecuencia manifestaciones de cierta reticencia tanto entre académicos e investigadores como entre empresarios que alegan incompatibilidad en las misiones, funciones y objetivos de estas entidades. ¿Quién no ha escuchado alguna vez de boca de algún empresario aquello de “estos académicos sólo saben teorizar”? o en contrapartida algún que otro académico proclamar que “a los empresarios solo los mueve un interés lucrativo” y que la interacción con estos podría contaminar la esencia de la universidad.

Aunque consideramos que estas visiones están en franco declive y representan a un sector minoritario de ambos gremios debemos reconocer que ese recelo pone de manifiesto, lo que a primera vista constituye uno de los principales escollos, que se podría definir como el conflicto existente entre la necesidad de los investigadores de divulgar los resultados científicos y la imposibilidad de hacerlo cuando en una dinámica de colaboración universidad – empresa algún resultado potencialmente interesante y susceptible de patentar requiere cumplir con las exigencias de protección de la propiedad industrial. Lamentablemente, la publicación de resultados científicos continua siendo la principal –y muchas veces única- forma de evaluación de desempeño aplicada por las instituciones para categorizar/evaluar a sus académicos, investigadores y grupos de investigación y esa es una situación que merece ser estudiada/modificada para que estos no se vean perjudicados cuando abrazan proyectos de transferencia tecnológica y sean obligados a retrasar la publicación de los resultados científicos derivados de sus investigaciones.

Diversificar los criterios de evaluación, incluyendo o mejorando modelos que contemplen la participación en proyectos internacionales o proyectos de I+D+i podría estimular considerablemente la interacción universidad-empresa y el desarrollo de proyectos con un mayor grado de innovación, transferencia de conocimiento y tecnología, lo que podría ser clave para la región, sobre todo si se toma en cuenta que las universidades son por mucho la principal fuente de producción de conocimiento en América Latina.

Las universidades tienen la responsabilidad de fomentar en sus filas una mentalidad más emprendedora en la que asociado a procesos de I+D se generen nuevas tecnologías que sean el punto de partida para la creación y desarrollo de nuevas empresas de base tecnológica (spin-off) en la que participen activamente académicos, investigadores, así como los estudiantes, que constituyen la principal cantera científica, empresarial y de recursos humanos calificados con los que podrá contar la región para enfrentar los desafíos futuros.

Dicho esto valdría la pena abordar otro escollo de primer orden que tiene que ser enfrentado. A pesar de la necesidad de que los académicos e investigadores tengan una mayor sensibilidad para las cuestiones que lo vinculan a la gestión empresarial, ellos deberán siempre concentrar sus esfuerzos en la actividad científica, haciéndose necesaria la creación/desarrollo en las universidades de unidades altamente especializadas de gestión que fomenten núcleos y ecosistemas de innovación y transferencia tecnológica y que funcionen adecuadamente como interfase entre universidades y empresas y aquí tropezamos con problemas similares a los que apuntamos en una entrada anterior cuando abordamos los problemas que confrontan las universidades de América Latina para desarrollar procesos de internacionalización por la precariedad y bajo nivel de profesionalización de sus Oficinas de Relaciones Internacionales.

Observando el mapa diverso y heterogéneo de la educación superior latinoamericana y teniendo en cuenta el alto nivel de profesionalización de los recursos humanos que deberán conformar las estructuras responsables de implementar las diferentes misiones y tareas que recaen sobre estas unidades de innovación y transferencia tecnológica se hace evidente que a un número considerable de las instituciones de educación superior de la región les resultará prácticamente imposible garantizar la cantidad y calidad de recursos humanos que estas estructuras requieren.

Siendo así, si excluimos las macro-universidades y algunas universidades de menos dimensión pero con una producción científica importante que las ha llevado a instrumentar medidas de fomento y acompañamiento tecnológico especializado, nos encontramos con un gran número de instituciones de educación superior que no disponen aún de estos servicios o que han comenzado a transitar este camino pero que se encuentran aún en fases muy incipientes de desarrollo.

Las instituciones que tipifican a este amplio grupo están abocadas a transitar rápidamente a esquemas que le permitan dar un salto de calidad en el desarrollo de sus políticas de I+D+i. En algunos casos esto será posible potenciando prioritariamente las áreas científicas en las que la institución tiene un mayor nivel de desarrollo, en otros será necesario a nivel institucional adecuar la estructura y dimensión de su unidad a las posibilidades logísticas y potencialidades científicas de la universidad, siendo una solución factible la concentración en una misma unidad de los servicios de gestión de proyectos, relaciones internacionales e innovación y transferencia tecnológica para aprovechar la polivalencia de los recursos humanos, las sinergias existentes entre estos servicios y maximizar la proyección internacional. No menos factible, podría ser en otros casos la constitución de equipos más alargados de innovación y transferencia de tecnología que se formen en función de intereses locales/regionales en los que un conjunto de universidades junten fuerzas y voluntades para crear una unidad que coordinadamente tribute a todas las instituciones.

Seguramente, podrían dibujarse las más variadas soluciones y cada uno podría hacer su esbozo para dar respuesta a las necesidades específicas de su entorno, sólo se requiere innovar para desbrozar el camino de la innovación y de esta forma favorecer la irrupción paulatina de nuevas y variadas iniciativas latinoamericanas que logren concretar procesos tecnología – producto – mercado a través de una mayor interacción entre sus universidades y empresas.

Fomentar la innovación en los diferentes esquemas de cooperación

Son variados los entornos que se pueden aprovechar para impulsar esta área esencial de la cooperación de las universidades con el sistema empresarial. En 2010, por ejemplo, a la luz de la importancia que la innovación va cobrando para el desarrollo de las economías regionales fue lanzado en el contexto de Iberoamérica, el Programa Iberoamericano de innovación que tiene como objetivo “promover la creación de un nuevo y ambicioso programa para la investigación aplicada e innovación tecnológica” y que se une a otras iniciativas como el Espacio Iberoamericano del Conocimiento o el Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED).

Este nuevo programa coordinado por la SEGIB se concentra en siete líneas de acción que a nuestro entender responden a los sectores en los que se deberá concentrar el trabajo en los próximos años para que se pueda dar un salto cualitativo en materia de innovación en Latinoamérica. Estas prioridades son:

i. Fomento de proyectos I+D+i,
ii. Apoyo al desarrollo de plataformas tecnológicas sectoriales,
iii. Apoyo a la creación y consolidación de empresas de base tecnológica,
iv. Formación e intercambio de buenas prácticas en materia de innovación,
v. Aprovechamiento de los fondos nacionales y multilaterales,
vi. Apoyo a la reducción de las asimetrías existentes en la región y,
vii. Fomento de acciones de cooperación con redes y asociaciones internacionales.

Consecuentemente, las redes y asociaciones de universidades a nivel regional y nacional deberán insistir en la promoción de esquemas que incidan directamente en la aplicación de mejores modelos de producción y transferencia de conocimiento y tecnología, esquemas que deberán tener en cuenta las asimetrías existentes entre subregiones, países e instituciones para que se pueda colaborar de manera efectiva con aquellos que tienen un menor desarrollo, especialmente en el área de formación de recursos humanos y refuerzo de las capacidades institucionales.

Quiero terminar esta entrada con una propuesta completamente hipotética pero que a nuestro entender muestra como a veces se podrían aprovechar excelentes oportunidades para desarrollar acciones efectivas en el contexto de programas de cooperación internacional, como es el caso del Programa ALFA III de la Unión Europea con América Latina

Si este tipo de programas dispusiese de fondos de reserva para en su fase final identificar sinergias y buenas prácticas que permitiese desarrollar acciones de continuidad, se podría considerar, por ejemplo - partiendo de las necesidades básicas de formación de recursos humanos en las universidades de América Latina en las más disímiles áreas de gestión institucional- el montaje de un curso de formación especializado que aglutinase la experiencia y los resultados exitosos obtenidos por proyectos financiados por el propio programa. No tengo dudas sobre el gran impacto y excelente acogida que tendría en las universidades latinoamericanas, especialmente en aquellas de menor desarrollo y capacidad institucional, la participación de profesionales de sus instituciones en cursos en los que de forma integral se abordasen temáticas de Dirección Universitaria [Proyecto TELESCOPI], Innovación Tecnológica [Proyecto KICKSTART], Propiedad Intelectual [Proyecto PILA], Cooperación Internacional Universitaria [Proyectos INCA y ELGATE] e Integración regional y cooperación ALCUE [Proyecto VERTEBRALCUE]. Encontrar soluciones para divulgar entre un número más amplio de beneficiarios estas experiencias seguramente valdría la pena.

3 comentarios:

  1. Recoge usted los pensamientos, y deseos que muchos tenemos pero que han sido difíciles de concretar, me refiero a como integrar la Academia con la empresa y el sector privado, con el propósito de involucrar la investigación, el conocimiento y los desarrollos técnológicos a los procesos de producción o de prestación de servicios. Llamo la atención en el sentido de que la última parte del escrito se centro en la relación Academia Empresa, dejando de lado el sector público.

    Resido en Duitama Boyacá Colombia. A partir del año 2010 se está trabajando en alianza para fortalecer la fabricación de carrocerías para bus. Hemos logrado avanzar en diferentes frentes:
    1. Creación de una empresa que integra a fabricantes de carrocerías y proveedores.
    2. Diseño de un Centro de Desarrollo tecnológico (CDT)para el sector.
    En donde vienen trabajando el Servicio nacional de Aprendizaje SENA. Las Universidades UPTC y Santo Tomás. La Gobernación de Boyacá y la Alcaldía de Duitama.
    El presente año se logró presentar un proyecto de investigación a COLCIENCIAS que apunta a elaborar el plan de gestión de la innovación, en conjunto UPTC y Alianza carrocera de Boyacá que se espera sea aprobado.
    Se está diseñando una carrocería para bus en alianza con la empresa General Motors, el SENA, la UPTC, la Universidad santo Tomás y 6 empresarios carroceros.
    Es un caso concreto que está en proceso de desarrollo y si es de su interés hacerle seguimiento y acompañamiento estaría en disposición de mantenerlo al tanto en mi calidad de subgerente de la empresa.

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  2. Hola antes que nada debo agradecerte por poner en discusión temas de altisimo interés en la actulidad para muchos países de América Latina. Yo soy de México pero ahora vivo en Uruguay.
    El tema del desarrolllo económico es importante en los diferentes ámbitos, por lo que yo prefería señalar como un desarrollo territorial, simple y sencillamente por todo lo que involucra, sin duda el campo de debate es amplio.
    Elementos que rescatas en tu articulo son sin duda factores claves, y resulta evidente la estrecha interrelación que existe entre los procesos de crecimiento económico y desarrollo territorial y entre la competitividad de las empresas y la de los territorios donde estas se localizan.
    Propablemente en otros escenarios esos factores son más fuertes o debiles según la dinámica de los mercados por muy integrados que estén, además, las estrategias que se establecen en este proceso en gran parte tiene que ver con las sociedades en proceso de integración, las regiones y más concretamente las ciudades, al ser los espacios preferentes de localización e inversión, en este sentido adquieren una relevancia importante en los procesos de competitividad a escala internacional.
    El detalle es que muchas de las veces los esfuerzos de los actores y agentes estan dispersos por eso, la colaboración y la alianza estratégica pueden ser un instrumento de coordinación y articulación de estos esfuerzos.
    Respecto a la propuesta que haces me parece muy puntual en un contexto concreto, ya que muchas de las veces se recurren a propuestas generales que no encajan en contextos específicos, debido a que los críterios y condiciones son distintos. Finalmente quiero reconocer este esfuerzo, soy de la idea que la transferencia de conocimiento y compartir expericienca enriquece las practicas, estoy significa sistematizar los aprendizajes.
    De momento te agradezco por compartir y aprovechar estos instrumentos de comunicación abre nuevas oportunidades.

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  3. Estoy de acuerdo con lo enunciado en este artículo. En Colombia han sido muchos los esfuerzos realizados en estos últimos 10 años desdelas Universidades, la Empresa y el Estado, sin embargo el camino por recorrer hacia adelante no se ve muy claro.

    La universidad privada no parece concretar la formación profesional sino hacia la academia; la empresa privada no entiende muy bien los aportes que las universidades les pueden ofrecer; y el estado por intermedio de COLCIENCIAS, está en una crisis de recursos y dirección que hacen dificil su función.

    Cordial saludo

    Juan M. Andrade
    Profesor Universitario



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