3 dic. 2009

La internacionalización de la educación superior y la profesionalización de las Oficinas de Relaciones Internacionales en las universidades de AL.

(Publicado en el Boletín ALFA. Boletín informativo editado por el Proyecto Observatorio ALFA del Programa ALFA III. No 1/julio 2009)

El pasado mes de abril participamos en el Taller “El papel de los procesos de internacionalización en la educación superior en América Latina y el Caribe” organizado por UDUAL en la Universidad de La Habana. A este evento asistieron representantes de varias instituciones de latinoamericana y el encuentro nos permitió tomar el pulso de este tema en la región, al tener la posibilidad de intercambiar criterios con muchos de los participantes.

Tanto en las presentaciones realizadas como en los debates y contactos desarrollados a lo largo de los dos días de trabajo se podía constatar que a pesar de ciertos avances, las Oficinas de Relaciones Internacionales (ORI) de un número considerable de Instituciones de Educación Superior (IES) en América Latina no están aún en condiciones de afrontar con profundidad el volumen diverso y gigantesco de acciones que conlleva el proceso de internacionalización.

Nos dimos entonces a la tarea de rescatar un artículo que hace prácticamente diez años habíamos escrito para una publicación del sistema cubano de educación superior, cuando el proceso de internacionalización comenzaba a ganar fuerza, al menos, en el discurso de autoridades universitarias latinoamericanas y empezaba a aparecer como un elemento esencial en la formulación de las políticas y estrategias universitarias.

Confieso que me sorprendió que a la vuelta de una década, las preocupaciones e interrogantes formuladas por los representantes de decenas de instituciones latinoamericanas, en su gran mayoría responsables de ORI, coincidieran con aquellas formuladas en aquel artículo. Obviamente, el panorama es heterogéneo, no puede ser de otra forma cuando América Latina exhibe un elevado número de centros de formación superior, que en 2008 ascendía a 8756 instituciones de las cuales 1023 eran universidades públicas.

En este espectro amplio de instituciones hay con seguridad un reducido número de universidades que habrán conseguido diseñar procesos acordes a los requerimientos de los nuevos tiempos, en que internacionalizar es un proceso intrínseco de la misión y objetivos que tiene la universidad contemporánea, sobre todo para una región en que el 80% de la investigación y producción de conocimientos se genera en su sistema universitario.

No obstante; para la gran mayoría de las universidades latinoamericanas las preguntas que nos formulábamos hace diez años siguen teniendo plena vigencia: ¿Cuál es la verdadera función que deben desempeñar las oficinas de relaciones internacionales en las universidades para cumplir sus objetivos estratégicos? ¿Están adecuadamente jerarquizadas dentro de la estructura universitaria para que se les facilite el cumplimiento de sus funciones? ¿Hasta qué medida es de utilidad su trabajo para la comunidad universitaria? ¿Están debidamente provistas para la misión que tienen que desempeñar?

No pretendemos abordar este tema y todas estas interrogantes a profundidad, este comentario tiene como principal objetivo propiciar el debate para que los diferentes actores relacionados con estos procesos puedan a través de las diferentes plataformas creadas por el Observatorio ALFA compartir con nosotros sus experiencias, comentar sus puntos de vista, esbozar posibles soluciones y formular iniciativas que nos ayuden a disponer de más elementos para poder focalizar mejor nuestra acción en este campo a través de las iniciativas de intervención del Programa ALFA en su afán de colaborar al desarrollo de la educación superior en América Latina y la creación del espacio ALCUE.

En cualquier caso me aventuro a dejar ya una primera reflexión personal sobre uno de los muchos elementos que deben tomarse en consideración cuando se aspira a llevar adelante la internacionalización como una política coherente y viable del desarrollo institucional. En nuestro modesto criterio, un primer paso que puede ayudar a catalizar el proceso pasa por la necesidad de profesionalizar la gestión de cooperación internacional.

Tal y como acontece generalmente con otros servicios asociados a la administración central de la universidad, como pueden ser los departamentos de contabilidad o jurídicos, es necesario que en la medida de las posibilidades, los profesionales que trabajan en las ORI sean verdaderos expertos de esta gestión. Es necesario, que los aparatos de cooperación cuenten con personal especializado, que domine el complejo y diverso entramado de relaciones que constituye el sistema universitario actual a nivel internacional, que conozca a profundidad su universidad, tanto sus fortalezas y potencialidades institucionales como sus deficiencias y necesidades. Sólo así se podría trabajar eficientemente, promoviendo la colocación de los necesarios ingredientes de internacionalización en función de las actividades esenciales del quehacer universitario, contribuyendo con el desarrollo armónico del pregrado, postgrado e investigación, así como con todas las actividades de extensión universitaria que se dan en el ámbito universidad-sociedad.

Debemos reconocer con transparencia que en muchas universidades todavía hoy las ORI siguen siendo consideradas como entidades tramitadoras y de servicio, cuya función se limita a recibir delegaciones, tramitar visados y a desarrollar alguna que otra actividad que no tributa directamente a la esencia de la dinámica universitaria. En muchos casos, se observa frecuentemente que los responsables de estas oficinas cambian periódicamente con los gobiernos rectorales o son designados a dedo para recibir la “misión” de asumir una tarea institucional para la que no están debidamente preparados.

No queremos pasar la idea de que una ORI sólida y bien estructurada garantiza el billete al mundo de la internacionalización, ese es un viaje en que sólo se despega a buen ritmo cuando se logre involucrar a toda la comunidad universitaria y en la que directivos, profesores, investigadores, administrativos y estudiantes tienen que participar activamente y de forma comprometida. Lo que sí queremos expresar con toda claridad es que en el sistema de educación superior contemporáneo, las ORI son una pieza clave en el desarrollo de la gestión de las universidades y que, en la medida en que estén en condiciones de desarrollar sus funciones con mayor eficiencia, se irán abriendo un número mayor de espacios internacionales, que se revertirán en un incremento gradual de la actividad académica, científica y de extensión de la misión social de las instituciones universitarias, las que lógicamente vendrán acompañadas de un beneficio en recursos humanos, materiales y financieros.

Hay mucho trabajo por hacer y son bienvenidas todas las iniciativas que han ido apareciendo en el entorno latinoamericano con el auspicio de organismos internacionales regionales y entidades nacionales, trabajemos todos juntos porque a la vuelta de 10 años el panorama sea mucho más alentador.

2 comentarios:

  1. Muy bueno Carlos. Te felicito. Adelante. Abrazos, enrique

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  2. Muchas gracias, Carlos. Realmente estoy iniciándome en la ofic. de Relac. Internacionales de la Universidad Iberoamericana de Paraguay. Sus comentarios me ayudan muchísimo para ir reflexionando e ir consolidando el rumbo de esta oficina. Estoy cada vez más convencido, que el debido espacio e importancia que se le dé a esta oficina ante mi comunidad educativa, depende mucho de lo yo vaya avanzando con propuestas, proyectos que se visualice al beneficio institucional. Por lo tanto, me queda indagar las experiencias de otras universidades que tienen mayor desarrollo.
    Muchas gracias por su gran aporte.

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