29 jul. 2014

Buenos aires desde Río

Terminada la copa mundial de futbol la ciudad carioca vuelve a captar la atención de la comunidad iberoamericana. Esta vez por una causa menos mediática pero mucho más importante y estratégica para el desarrollo de la región. Tal y como estaba previsto por estos días se celebra en Río de Janeiro el III Encuentro Internacional de Rectores Universia, una de las redes de universidades más grandes del mundo, si tomamos en cuenta que aglutina a 1262 universidades de 23 países. Esta red desde su lanzamiento ha contado con el respaldo y patrocinio del Banco de Santander.

En la jornada inaugural celebrada ayer, al margen de los interesantes debates sobre el estado actual de la universidad, el nivel de respuesta a las necesidades y demandas del estudiantado y la sociedad, los desafíos en torno a la investigación, la innovación y la transferencia de conocimiento y tecnología lo más destacado fue el anuncio realizado por la Sra. Rebeca Grynspan, flamante titular de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), sobre los progresos realizados para el lanzamiento en 2015 de un programa iberoamericano de movilidad para estudiantes, profesores e investigadores.

En anteriores entradas he defendido el valor estratégico de un programa similar al Erasmus europeo para el contexto latino e iberoamericano por lo que puede significar no sólo para el fomento del deprimido intercambio regional en materia de educación superior, ciencia y tecnología y para la identificación de alianzas estratégicas que impulsen a escala regional una sociedad basada en el conocimiento sino también por lo que puede representar como catalizador de un sentimiento e identidad regional.

En realidad el lanzamiento de un programa de estas características es un viejo anhelo que ha sido negociado en varias ocasiones y que no se ha concretado no sólo por falta de financiación, sino especialmente por la falta de voluntad y visión política de los líderes iberoamericanos para comprometerse a impulsar de conjunto un programa de este calado. De hecho, en su intervención la Sra. Grynspan reconoció que entre los principales obstáculos para la puesta en marcha del nuevo programa estaría la ausencia de un órgano supranacional como la Comisión Europea en el caso de Erasmus, lo que hace que en el caso iberoamericano el programa se sustente sobre un amplio sistema de alianzas a nivel gubernamental, así como entre los sistemas nacionales de educación superior, las instituciones de educación superior, las asociaciones universitarias y la sociedad civil en general.

El programa presentado por la Sra. Grynspan parece ambicioso pero totalmente realizable. En su presentación refirió la intención de ejecutar hasta el año 2020 alrededor de 200 mil movilidades que beneficien a estudiantes, profesores e investigadores de América Latina, España y Portugal, arrancando en el curso escolar 2015-2016 con la movilidad de 25 mil estudiantes. Aunque hay mucho que precisar todavía en la arquitectura del programa, en su concepción inicial se prevé que las acciones de movilidad tengan una duración de 6 meses y una financiación per cápita que deberá fluctuar entre los 3 mil y 4 mil dólares.

El tema financiero no está todavía cerrado. La estimación realizada por las autoridades de la SEGIB ronda los 90 millones de euros y para ello se está contando con el compromiso y participación de un gran número de entidades públicas y privadas que estarían interesadas en cofinanciar un programa de estas características, lo que es un claro indicador del crecimiento económico experimentado por la región en los últimos años.

Obviamente, el programa para maximizar su impacto y eficacia debe intentar capitalizar las experiencias de otros programas previamente ejecutados como los diferentes programas de becas implementados por la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID), los programas de Becas ALBAN y Erasmus Mundus de la Unión Europea para América Latina, los programas iberoamericanos coordinados desde la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) como el Programa de Intercambio y Movilidad Académica (PIMA) o el Programa Pablo Neruda, el Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED), así como otras iniciativas de alcance regional o subregional como el Programa Académico de Movilidad Estudiantil (PAME) de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUAL) o el Programa ESCALA de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM) por citar sólo los más reconocidos. 

Otra mirada necesaria para diseñar la arquitectura de este programa debería estar en la tipología y comportamiento de los programas de becas nacionales asociados a los sistemas de educación superior o ciencia y tecnología y que tienen tradición en el financiamiento de becas para la realización parcial o completa de estudios de maestría y doctorado en el extranjero aunque con poca incidencia en el flujo de movilidad intrarregional, tal como ha sucedido también con el exitoso programa “Ciencia sin fronteras” puesto en marcha por el gobierno brasileño.

Doy casi por descontado que esta iniciativa contará con el respaldo del Banco de Santander que ya en los últimos cuatro años ha financiado el intercambio de más de 10 mil estudiantes de grado y de 2 mil jóvenes profesores e investigadores. Es menester que otras instituciones públicas y especialmente del sector privado asuman su responsabilidad social y endosen esta iniciativa que es de vital importancia para el crecimiento y desarrollo sostenible de la región.

Si las negociaciones marchan de manera positiva el programa sería sometido a la aprobación de los Jefes de Estado y Gobierno en el marco de la próxima Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Veracruz el próximo mes de diciembre y comenzaría su andadura en el inicio del próximo período lectivo. Solo quedaría desear éxitos en la gestión de la nueva secretaria iberoamericana para llevar a buen puerto este inaplazable proyecto.

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