12 sept. 2014

El vía crucis de la internacionalización: la dimensión personal

Cuando conversamos con profesores e investigadores de instituciones universitarias reparamos que, aunque más solapadamente, persiste la idea de que los funcionarios administrativos son una especie de personal de segunda clase. Da igual si se trabaja en relaciones internacionales, transferencia de tecnología, economía, finanzas, recursos humanos u otro departamento cualquiera del aparato administrativo de la universidad. Obviamente, esta idea estereotipada y distorsionada es consecuencia de las funciones básicas que los administrativos desempeñaron en la universidad durante muchos años y el bajo nivel de especialización y profesionalización que se requería entonces para desempeñar esos servicios.

La universidad contemporánea ha dado un vuelco significativo a los procesos en las instituciones de educación superior y ha transformado significativamente el rol que desempeña la estructura administrativa en el accionar de la institución. En el caso específico de relaciones internacionales, los países y universidades que marchan a la cabeza de los procesos de internacionalización consideran a los profesionales de sus equipos de relaciones internacionales piezas clave de todo el engranaje organizacional y le crean las condiciones para que puedan desempeñar su trabajo con la mayor calidad y eficacia posible.

Lamentablemente, en mi experiencia interactuando con profesionales y equipos de relaciones internacionales universitarios de Iberoamérica lo que prima es más bien lo contrario ya que muchos profesionales de esta área sufren un verdadero calvario para cumplir con su misión institucional, como se dice popularmente pasan mucho trabajo para trabajar. De forma general, a la ausencia o pobre inclusión de la internacionalización en la estrategia de las universidades, hay que agregar limitaciones de recursos, débil empoderamiento, falta de reconocimiento y una larga lista de insuficiencias y vicisitudes que hacen de la gestión de internacionalización un entorno cuando menos precario para las personas que desempeñan funciones en este cada vez más estratégico servicio para la comunidad universitaria.

Una vez que en diferentes ocasiones me han preguntado de qué forma considero se puede revertir o atenuar esta situación, quiero compartir en este post algunas ideas que ojalá puedan ayudar en su gestión a aquellos que en su trabajo diario como coordinadores o miembros de la unidad responsable por los procesos de internacionalización de su universidad sienten que pasan la mayor parte del tiempo remando contracorrientes.


1. Haga una radiografía de usted y su equipo: siempre me ha parecido que cualquier proyección tiene que partir de nosotros mismos. Empiece por poner sobre la mesa sus competencias y lagunas profesionales. Reconozca sus fortalezas y admita sus debilidades, no tenga miedo ni pudor por exhibir en lo que son buenos y reconocer sin tapujos lo que no saben. Transparentar nuestras capacidades, competencias y habilidades es tal vez la mejor forma de comunicar a nuestra comunidad universitaria lo que les podemos aportar y en qué necesitamos su asistencia y colaboración.

2. Conozca profundamente su universidad: la internacionalización y la cooperación internacional no tienen sentido si no tributan a las actividades sustantivas, por eso los gestores de relaciones internacionales tienen que conocer profundamente su universidad, de ese conocimiento depende prácticamente buena parte del éxito de su trabajo. No basta con tener una idea general de la estructura y funcionamiento,  para ser verdaderamente efectivos hay que dedicar tiempo a estudiar los procesos, a dominar la estructura académica e investigativa o lo que es lo mismo aquellas particularidades que distinguen a la institución y conforman su ADN organizacional.

3. Sea prototipo de una cultura de colaboración: no hay mejor doctrina que la que proviene del ejemplo. Así que si aspira a mudar la cultura de su organización para que sea más proactiva y cooperativa conviértase en el agente del cambio que quiere promover. Aplique una política de puertas abiertas y siempre que le sea posible permítase escaparse de la oficina para interactuar con su comunidad, mézclese con ellos, explíqueles lo que le gustaría emprender y cómo ellos podrían participar, aproveche también para escucharles y conocer cómo la oficina de relaciones internacionales les puede ayudar a concretar sus objetivos. Haga de esto una práctica habitual y sistemática y cuando menos se estará granjeando el respeto y la consideración de sus colegas.

4. La llave de su éxito está en la profesionalización: se dice con frecuencia que hay profesiones como la medicina en que nunca se termina de estudiar. En verdad esa es una máxima que se aplica a todas las profesiones si se quiere ser competente, por eso dedique tiempo a su preparación y capacitación profesional. En nuestra área siempre hay decenas de temas que requieren de especial atención, desde los llamados “soft skills” como liderazgo, gestión del tiempo, comunicaciones, capacidad de síntesis, análisis o argumentación y otras habilidades interpersonales útiles para nuestro trabajo hasta una formación sólida en gestión de proyectos. De la misma forma, es esencial el estudio pormenorizado de las entidades de interés para la universidad que conforman los sistemas internacionales de educación superior, ciencia y tecnología como pueden ser por ejemplo organismos internacionales, otras instituciones universitarias, centros de investigación, programas de cooperación o entidades que constituyen potenciales fuentes de financiación. Al final no debemos perder de vista que nuestro verdadero valor como profesionales o equipo se sintetiza en nuestra experiencia, conocimiento y compromiso ya que esos son nuestros principales activos.

5. Tenga y siga su hoja de ruta: Si su universidad ya definió su estrategia de internacionalización y la misma está coherentemente alineada con la estrategia de desarrollo institucional asúmala como su biblia profesional. Si por el contrario, aún no existe una definición y planificación estratégica entonces diseñe usted su propia estrategia en la que deberá incluir aquellas acciones clave que le permitan impulsar en el seno de la organización la dimensión internacional. En este sentido, conviene ser lo más realistas posibles y no plantearnos objetivos que a simple vista no resulten viables. Pondere los beneficios y riesgos de cada acción e intente abordar las problemáticas más susceptibles de mejora a través de su intervención como agente de la cooperación internacional y hágalo definiendo indicadores objetivos de verificación que le permitan monitorear y autoevaluar los resultados y progresos que se van concretando.

6. Sea arquitecto de relaciones valiosas para su institución: difícilmente encuentre un indicador más visible y efectivo de la eficacia de su trabajo que la capacidad para construir relaciones de valor para su comunidad universitaria. Una vez que ha identificado los intereses y necesidades de su institución en las diferentes áreas centre su atención en tender puentes y construir relaciones personales e institucionales efectivas que faciliten a sus colegas su intervención a nivel internacional. Atención, no se trata de sustituirles en su actividad personal de conexión e interacción con académicos y científicos a nivel internacional, se trata de establecer y consolidar plataformas para propiciar y facilitar el desarrollo de este tipo de contactos y de las acciones de cooperación que de estos se generen. Tenga como máxima intentar encontrar siempre la contraparte adecuada, aquella que mejor satisfaga las necesidades de sus colegas en la universidad y busque en todos los ámbitos, diversifique, tenga una visión plural. No gaste tiempo, recursos y energía en un vínculo institucional que no sea relevante para su comunidad universitaria. Recuerde que a veces decir “no” puede ser la mejor de las opciones, porque una alianza sólo es sólida cuando es beneficiosa para todas las partes (win-win). Un buen punto de partida puede ser la realización de un inventario minucioso de los acuerdos y convenios existentes para determinar cuál es el margen real de maniobra que estos ofrecen para emprender acciones de cooperación internacional.

7. Establezca canales eficaces de comunicación: no sirve de mucho que haga un trabajo impecable estableciendo contactos, forjando alianzas, analizando programas de financiación o identificando oportunidades de cooperación internacional si esa información no es de dominio de toda la comunidad universitaria. Tiene que crear diversos y eficaces canales de comunicación para que la información fluya selectiva y dinámicamente hacia su público objetivo. No se olvide que la información que gestiona interesa tanto a su comunidad universitaria como a un amplio y heterogéneo sector de personas que constituyen su público externo, por eso deben diseñarse canales específicos para cada público que le interesa alcanzar.  Saque provecho de las redes sociales, una buena y dinámica página web, un blog, boletines informativos, foros de debate en LinkedIn o una activa cuenta en Twitter pueden ser herramientas poderosas de trabajo, combinadas con la realización de charlas, seminarios y conferencias en la institución y una adecuada intervención en eventos de carácter internacional.

Estas son sólo algunas recomendaciones que considero elementales para impulsar el trabajo de internacionalización y posicionarlo adecuadamente en el contexto de la universidad. Obviamente, podrían formularse muchas otras recomendaciones encaminadas por ejemplo a promover la autonomía financiera, el empoderamiento institucional o la capacidad de liderazgo por citar sólo tres padecimientos generalizados en las oficinas de relaciones internacionales pero esos son espacios que se tendrán que conquistar con el tiempo.

Está claro que lo ideal sería trabajar para una organización que abrace una cultura organizacional en la que se valora, facilita y respalda el trabajo de cada uno de sus profesionales, pero si esto no sucede de forma natural tenemos que encontrar las formas de mudar gradualmente el status quo. Desafortunadamente, la mayoría de las universidades continúan siendo instituciones con estructuras y procesos rígidos y complejos, en las que resulta difícil innovar, experimentar o cambiar estereotipos e ideas preconcebidas. Si en su universidad se sigue pensando que el trabajo que realiza la oficina de relaciones internacionales es poco importante para la vida institucional, si la academia le sigue viendo como un profesional de segunda y no es capaz de valorar en su justa medida el potencial de su contribución, es usted quien tiene la responsabilidad de cambiar esa visión. Para eso, tendrá  que obrar con paciencia pero con resolución. Seguramente, encontrará muchos escollos en el camino pero no se deje vencer por las circunstancias, será un camino largo y difícil pero poco a poco la perseverancia y el trabajo bien hecho rendirán sus frutos.

2 comentarios:

  1. Interesante artículo, Carlos. Tiene una buena revisión de factores a considerar para el éxito en la gestión de las oficinas de internacionalización en instituciones de educación superior.

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    1. Muchas gracias por el comentario, viniendo de un profesional de tu experiencia es una validación de mucho valor. Saludos,

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