18 oct. 2012

Un imperativo para las universidades latinoamericanas


Me he animado a escribir esta entrada después de revisar minuciosamente el informe final del Proyecto PILA-Network  que se ejecutó con la coordinación de la Universidad de Alicante (UA) y la participación de varias universidades europeas y latinoamericanas en el contexto del Programa ALFA III.

He seguido este proyecto desde su lanzamiento porque consideré que abordaba una de las áreas estratégicas de la gestión universitaria contemporánea. Desde su propio diseño y formulación el proyecto apuntaba, con elementos de sostenibilidad, a la creación de una red latinoamericana de propiedad intelectual que sirviese de catalizador para la aplicación de buenas prácticas de gestión de la propiedad intelectual e industrial en las instituciones de educación superior de América Latina.

El proyecto me resultó a todas luces atractivo y pertinente, especialmente porque se presentaba como una iniciativa piloto que estaría en condiciones de abrirse en fases subsiguientes a la participación de un número más amplio de universidades. Esta ramificación podría ser el germen de todo un movimiento de transformaciones y mejoras institucionales que a mediano plazo propiciase la consolidación de ecosistemas productivos constituidos por el tan necesario tándem que deben formar la investigación universitaria y la generación de productos y servicios del tejido empresarial.

No voy a detenerme en describir o analizar los diferentes resultados alcanzados durante la implementación del proyecto. Recomiendo a los que se interesan en estos temas que dediquen un par de horas a revisar el informe final y así conocer de primera mano toda la actividad que fue llevada a cabo. Quiero centrar esta reflexión en los resultados arrojados por el estudio realizado por el proyecto utilizando la metodología AIDA para analizar los niveles de conocimiento y uso de la propiedad intelectual en las universidades latinoamericanas, que no por previsibles dejan de ser alarmantes y  deben llamar a las autoridades universitarias y a los gobiernos de la región a una profunda reflexión.

La pregunta que quiero formular después de haber leído este informe es muy sencilla: ¿Cómo espera América Latina convertirse en un mercado más competitivo y en una sociedad más equitativa cuando su principal fuente de conocimiento y de desarrollo científico y tecnológico apenas incide en los procesos productivos de la región? Veamos los datos y conclusiones arrojados por el estudio realizado por el proyecto PILA en 17 países de América Latina y para el que fueron consultadas 147 universidades. Este estudio intentó determinar el nivel de madurez existente en la aplicación de herramientas de propiedad intelectual en las universidades, analizando el grado de desarrollo mostrado en las cuatro fases de este proceso, a las que se le asignó un valor entre 0 (muy bajo) y 10 (muy alto):

1. Nivel de sensibilización y conocimiento sobres cuestiones de propiedad intelectual [Atención = Sensibilización]
2. Uso del sistema y de las herramientas de propiedad intelectual para el registro y protección de los resultados [Interés = Protección]
3. Gestión activa de los resultados de investigación y de la propiedad intelectual de la organización [Deseo = Gestión]
4. Explotación de los resultados a través de diferentes canales de transferencia de tecnología y de la comercialización [Acción = Explotación]

Como se aprecia en el siguiente gráfico, los resultados a escala regional derivados de este análisis ponen en evidencia que el proceso de transferencia de resultados de investigación de la universidad a la empresa en Latinoamérica es extremamente deficiente y se encuentra en estadios embrionarios, siendo especialmente crítico en las fases de protección, gestión y explotación que es en las que se materializa el proceso de transferencia. Dicho en otros términos, se observa una mejora del grado de concientización en relación a la importancia de usar herramientas de propiedad intelectual –y esto es sin dudas un paso de avance – pero el progreso es casi nulo cuando se analiza la puesta en marcha para instrumentar esos procesos en las instituciones de educación superior.


Obviamente, partiendo de la muestra analizada no se podrían derivar interpretaciones conclusivas y el propio informe reconoce que siendo América Latina un escenario muy heterogéneo resulta evidente que existen diferentes niveles de desarrollo en esta temática entre los diferentes países, incluso entre regiones e instituciones de un mismo país. En cualquier caso, me atrevería a afirmar que los resultados apuntados son bastante representativos de los niveles de cultura y desarrollo de cada país y que las problemáticas  descritas reflejan de forma fidedigna la realidad de la región.

En este sentido, el proyecto identificó un conjunto de nueve grandes problemáticas comunes a la gestión de propiedad intelectual de las universidades latinoamericanas:

§  Necesidad de formación en el tema de la propiedad intelectual
§  Falta de cultura investigativa y de transferencia
§  Dificultades en el trámite de protección
§  Falta de incentivos a los investigadores
§  Inexistencia de oficinas de transferencia de resultados de investigación (OTRI) en las universidades o debilidades en las estructuras existentes,
§  Uso deficiente de herramientas para la gestión de la propiedad intelectual,
§  Debilidad en la identificación de creaciones con potencial de protección y comercialización,
§  Deficiente relación Universidad – Empresa – Estado
§  Carencia de estrategias y lineamientos para la formación de spin-offs.

Al comparar los resultados por países que arroja el estudio, se pone también en evidencia las grandes asimetrías existentes entre las diferentes regiones y países de América Latina:




En el mismo se aprecia que Brasil presenta los mejores indicadores (6,51 de promedio para los cuatro indicadores) y es secundado por Argentina (5,3) y Costa Rica (5,08). El resto de los países exhibe valores inferiores a los 5 puntos de media, que podría considerarse como el estadio intermedio de madurez. La situación resulta crítica para El Salvador, Honduras, Bolivia y Paraguay que muestran indicadores inferiores a los 3 puntos de media. En el caso de estos dos últimos, es alarmante incluso el bajo nivel de conocimiento sobre propiedad intelectual que refleja.

El panorama descrito por el estudio tiene disimiles causas y es necesario comenzar a trabajar en las soluciones de los problemas que las originan. Sí la ciencia constituye la piedra angular de las estrategias y políticas de innovación para impulsar una economía basada en el conocimiento, entonces resulta impostergable que se modifiquen metodologías de trabajo, procedimientos de gestión, que se definan nuevos indicadores que equiparen el trabajo de transferencia al de otras actividades tradicionales de la universidad como la docencia e investigación y que se reformule la visión estratégica de las instituciones de educación superior para que el potencial humano, científico y tecnológico de las universidades latinoamericanas se ponga verdaderamente al servicio del desarrollo económico y social de sus países.

No se puede aspirar a la excelencia científica y a contribuir a la consolidación de sociedades basadas en el conocimiento y continuar aplicando formas de hacer obsoletas que son un freno para el crecimiento y desarrollo de las propias universidades y que constituyen una de las principales causas del distanciamiento que se constata entre la mayoría de las instituciones latinoamericanas de educación superior y los entornos socio-económicos a las que pertenecen. Parafraseando a un gran trovador de mi tierra podía decirse que no es viable arar el porvenir con viejos bueyes.

Iniciativas como las de PILA son hoy mucho más pertinentes que hace cuatro años cuando este proyecto inició sus actividades. El escenario mundial ha cambiado bastante en muy poco tiempo y la coyuntura regional favorable caracterizada por la pujanza de las economías emergentes de América Latina sólo será duradera si va acompañada del crecimiento y afianzamiento de un sistema de educación superior que se convierta en pilar de un nuevo modelo de desarrollo económico regional sostenible.

Un continente como América Latina, en el que se localizan algunas de las principales naciones emergentes, que cuenta con una población laboralmente activa relativamente joven y que en las próximas dos décadas deberá ver crecer exponencialmente los niveles de consumo necesita disponer inexorablemente de universidades que tengan una clara vocación de investigación y transferencia de tecnología al sector empresarial que den una respuesta innovadora a la alta demanda de productos y servicios que generaran sus sociedades.

Insisto en destacar que no se trata de restar importancia a la misión formadora y educativa de las universidades, por el contrario, las universidades latinoamericanas que son esencialmente académicas tendrán también que reforzar el trabajo que realizan en esa área. Para ello, deberán adecuar sus programas de estudio a las necesidades de empleo altamente calificado de sus sectores de producción y servicios, especialmente diseñando formaciones de postgrado a nivel de maestría y doctorado que permitan colocar en el mercado laboral profesionales capaces de convertirse en agentes catalizadores de la aplicación del conocimiento y la tecnología en los procesos productivos y que, al mismo tiempo, sirvan de conectores entre los entornos universitarios y empresariales.

Pero de forma paralela con su misión académica, las universidades latinoamericanas tendrán que vertebrar estrategias para consolidar su actividad de investigación y gradualmente transitar a modelos eficaces de universidad emprendedora que permita que a través de acciones de I+D+i los resultados de esas investigaciones se transformen en nuevos productos y servicios, contribuyendo así al desarrollo económico y el bienestar social al que aspira la sociedad latinoamericana.

Hay que aprovechar las oportunidades para dar grandes pasos en ámbitos estratégicos y los próximos años pueden ser esenciales para redimensionar el papel de las instituciones de educación superior en América Latina. No se trata de una tarea fácil, son muchos escollos los que tienen que ser superados, pero parece evidente que trabajar en esa dirección es un imperativo para las universidades de la región, al menos para aquellas que disponen de mejores condiciones para desenvolver un rol protagónico en el desarrollo de sus sociedades.

3 comentarios:

  1. Muy buen análisis, Carlos. Te felicito por el esfuerzo en demostrarnos esta acuciante realidad y proponer vías de acción.

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  2. Hola, Carlos Alberto

    Muy buen análisis, ya que es una opinión muy coherente con nuestra propia Realidad. Es por ello que la actualidad después del 22 de noviembre 20122 apostamos a Fortalecer la Red PILA y ya somos 50 Instituciones a la fecha que seguiremos en este camino empedrado como mencionas, pero que de seguro seremos testigos y hacedores de nuestra propia historia para que las universidades apoyen a impulsar economías latinanoméricanas más competitivas. Para ello Red PILA no termino con el proyecto sino que hemos seguido dando sostenibilidad a Red PILA, la formación, protección, vinculación y transferencia de conocimiento es parte del actuar diario de todas las instituciones de la Red PILA. Por lo que exhorto a sumar a las IES de la región a Red PILA. www.pila-netowrk.org


    Saludos

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    1. Excelente análisis Carlos Alberto,
      En mi experiencia en México los centros de investigación y las universidades muestran muy baja vinculación con lo que la sociedad empresarial tecnológicamente demanda. Así mismo la sociedad empresarial desconoce del potencial existente en las universidades y centros de investigación regionales. En estos centros de investigación no se invierte lo suficiente para lograr esta mejor vinculación. De tal manera que los fallos de mercado ocurren. Esto hace que para las empresas sea más sencillo volver su vista a los institutos internacionales o centros de investigación de universidades en el extranjero buscando lo que ellos creen que no existe en la región. Estoy de acuerdo también contigo que la falta de políticas claras sobre los incentivos a los investigadores -creadores de desarrollo- ha hecho que este problema de desencuentro, mayor. En los centros en los que he trabajado se busca mejorar esta situación, y se hacen esfuerzos esporádicos, debido a las restricciones presupuestarias. La visión no va aunada a la acciones que se requieren tomar para mejorar los efectos. La eficiencia de la transferencia tecnológica, desde mi perspectiva y experiencia, requiere de desarrollo de la confianza entre los involucrados.

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