9 mar. 2010

Reingeniería de cara a las próximas convocatorias del Programa ALFA III

(Publicado en el Boletín ALFA. Boletín informativo editado por el Proyecto Observatorio ALFA del Programa ALFA III. No 2/enero 2010)

El lanzamiento de próximas convocatorias en el contexto del Programa ALFA III, que está previsto para los primeros trimestres de los años 2010 y 2011, es uno de los temas que más interesa a la comunidad universitaria de América Latina y Europa que busca información sobre el Programa. Por esa razón, hemos considerado importante compartir en este artículo algunas reflexiones sobre diferentes aspectos que podrán ser considerados por los potenciales candidatos a la hora de formular sus propuestas y presentar sus candidaturas de proyectos ALFA a la Comisión Europea.

Obviamente, no es necesario insistir en la tesis de que para maximizar las posibilidades de éxito al presentar la candidatura uno de los componentes principales estará en que la propuesta de proyecto presentada demuestre que es sólida en su formulación, lo que se traduce en una bien estructurada, armónica y coherente concatenación de sus objetivos, resultados esperados y el conjunto de las actividades propuestas para implementar el proyecto, así como en una adecuada selección de las instituciones que conformarán el consorcio. No obstante, esto no garantiza por sí solo que el proyecto reciba finalmente una evaluación que le permita ser seleccionado. El nivel de calidad de las propuestas tiende a incrementarse y hay otros componentes a los que se deberá prestar especial atención.

Consecuentemente, abordaremos en este artículo, algunos de los elementos que, en nuestra opinión, deberán ser tomados en cuenta por aquellas instituciones que se animen a conformar consorcios para ejecutar proyectos ALFA en el contexto de esta tercera fase del Programa.

En este sentido, consideramos que las futuras propuestas de proyectos ALFA deberán, como directriz, tratar de tributar, tanto cuanto posible, a las áreas prioritarias de la cooperación birregional definidas al más alto nivel político por los Jefes de Estado y Gobierno de AL y la UE y que se sintetizan en la estimulación de los vínculos económicos y comerciales, el fomento de la integración regional latinoamericana, la promoción de la equidad y cohesión social en América Latina, el establecimiento de alianzas estratégicas entre las empresas y, más específicamente en el ámbito de intervención directo del Programa ALFA, la potenciación del intercambio académico, científico y cultural entre instituciones de las dos regiones.

Siendo así, será importante que las propuestas de proyectos que se presenten consideren como una prioridad la inclusión de acciones que sean catalizadoras de la construcción del espacio América Latina y Caribe – Unión Europea (ALCUE) de Educación Superior, así como estimuladoras de políticas de desarrollo económico sostenible en los países de América Latina. Igualmente, podría ser relevante, que los proyectos que se presenten fomenten la participación de instituciones de calidad y reconocimiento académico, tanto de Europa como de Latinoamérica, que no hayan sido activas en programas de cooperación entre las dos regiones o que se promueva la inclusión en los consorcios de instituciones de la sociedad civil o el sistema empresarial de ambas regiones.

Analicemos entonces, a modo ilustrativo, algunos de estos aspectos con un poco más de profundidad.

El abrir el abanico de organizaciones que participan en los proyectos más allá de las instituciones de educación superior traerá a los consorcios una gama amplia de beneficios. La mayoría de estas organizaciones podrán sólo participar como miembros asociados del consorcio pero su incorporación podría ser decisiva en la dinámica y alcance de los proyectos.

Aquellos proyectos que potencien la intervención de empresas, especialmente de PYMES, estarán fomentando la interacción de las universidades de ambas regiones con sus entornos empresariales e impulsando la gestión del conocimiento, la innovación y la transferencia de tecnología. Esto reforzaría alianzas estratégicas entre las universidades y las empresas de ambas regiones, serviría de catalizador de los vínculos económicos y comerciales a escala birregional y posibilitaría la cofinanciación de los proyectos con fondos externos provenientes de las empresas, sean estas públicas o privadas.

Al mismo tiempo, si consideramos que un elemento esencial de los proyectos es su sostenibilidad, se hace imprescindible incluir a organizaciones de carácter nacional o internacional (instituciones gubernamentales, ministerios, centros de estudio especializados, asociaciones y organismos internacionales) que puedan no solamente tributar al cumplimiento de los objetivos del proyecto, sino también contribuir al fomento de una cultura de gestión institucional, la formulación y establecimiento de políticas y la multiplicación en diferentes escenarios del impacto y visibilidad del proyecto. La incorporación de estas instituciones estaría sumando toda una experiencia, un caudal informativo y una capacidad de convocatoria que aumentaría exponencialmente el alcance de los proyectos.

La inclusión de instituciones que no hayan participado activamente en los programas de cooperación UE-AL podría constituir otro elemento atractivo que aportase un valor agregado a la propuesta de proyecto formulada, ya que permitiría expandir el espectro de participación, facilitando el acceso a instituciones o regiones menos favorecidas por los diferentes esquemas de cooperación existentes.

No obstante, sobre este tema existe una amplia variedad de opiniones. Los defensores más extremos consideran que los proyectos son una oportunidad para ayudar a la integración y participación internacional de instituciones de países o regiones menos desarrolladas o instituciones que por su estructura o capacidad limitada se encuentran automáticamente marginados de estos programas. Los detractores más acérrimos defienden la teoría de que los proyectos internacionales deben solamente incluir aquellas instituciones que tienen capacidad institucional y una coherente proyección internacional que les posibilita su intervención a este nivel.

En cualquier caso, nuestra visión es un poco conciliadora de estas dos posiciones extremas. Considerando el alto grado de heterogeneidad en los niveles de calidad entre las universidades latinoamericanas, creemos que el objetivo de ALFA no debe centrarse en atraer universidades institucionalmente débiles, no se trata de incluir una institución meramente para cumplir un criterio. Existen, sin dudas, en el amplio universo de instituciones que no han participado activamente en los esquemas de cooperación UE-AL, un número significativo de ellas que tienen calidad suficiente para participar en los proyectos ALFA y que por variadas razones no han concretado su participación hasta el momento. Ese sería, en nuestro criterio, el segmento principal que el Programa debería abordar para cumplimentar este requerimiento asociado a la inclusión de nuevas instituciones.

Un criterio que, a la hora de constituir los consorcios, se podría seguir sin necesidad de que constituya un requisito indispensable, sería promover que las redes que se creasen para la implementación de los proyectos incluyesen entre un 10 y un 20por ciento de instituciones que no tengan experiencia en la ejecución de proyectos del Programa ALFA o procedan de países con menor nivel de participación, lo que se debería hacer sin menoscabar calidad, ni pertinencia. Las instituciones sin experiencia previa en ALFA que sean incluidas tendrían, como criterio esencial, que desempeñar un rol en la dinámica del proyecto que justifique coherentemente su inclusión en el consorcio.

En otro orden de cosas y considerando la propia dinámica de los proyectos, nos gustaría formular dos recomendaciones adicionales. La primera va encaminada a reforzar la integración en el ámbito latinoamericano, lo que se puede lograr proponiendo actividades que prioricen el intercambio y la movilidad entre las instituciones latinoamericanas que conformen los consorcios, esto a la vez ayudaría a cumplir con uno de los principios del Programa ALFA que establece que la mayor parte de los fondos sea gastado en América Latina. La otra recomendación está dirigida a la formulación de acciones que garanticen un efecto multiplicador, factor este en el que podría ser significativo que, por ejemplo, las acciones de formación propuestas se concentrasen más en la formación de profesores e investigadores que en la de estudiantes.

Finalmente, quisiéramos compartir un último comentario que está relacionado con el período para la preparación de la candidatura. Es muy común que las instituciones esperen a que se publiquen los documentos de apertura de la convocatoria para dar inicio a todo el proceso. Desafortunadamente, los períodos establecidos para presentar las candidaturas son muy limitados y la formulación de una propuesta sólida requiere de tiempo. Consideramos que las propuestas de proyectos para la próxima convocatoria, para que sean preparadas con rigor, tienen que comenzar a ser gestadas de inmediato. El diseño del proyecto, la definición de objetivos, la elaboración del primer borrador, la búsqueda de socios adecuados para las acciones propuestas, la conciliación de intereses y la definición de roles dentro del consorcio tiene que ser inexorablemente un proceso previo. Lo más viable es que se tomen como referencia los documentos de la primera convocatoria y se comience a trabajar.

Así, cuando la nueva convocatoria sea presentada, se tendrá una propuesta prácticamente elaborada y se requerirá solamente analizar los documentos de candidatura para poder reformular aquellos elementos necesarios buscando cumplir con todas las reglas y requisitos específicos que rigen la convocatoria.

Deseamos que estos comentarios y reflexiones de cara a la próxima convocatoria puedan ser de utilidad para aquellas personas o instituciones interesadas en participar en esta tercera fase del Programa ALFA.

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