Un proyecto puede servir para
desarrollar nuevos productos y servicios, generar conocimiento y tecnologías,
impulsar experimentos, investigaciones y descubrimientos científicos o poner en
práctica innovaciones y avances tecnológicos pero primariamente un proyecto se
ejecuta para mejorar situaciones
deficitarias y resolver problemas que afectan a instituciones, colectivos y
grupos beneficiarios. En la prosecución de tales fines es importante tener
presente que no vale todo, que un proyecto debe ser regido por solidos valores
éticos y que fracasa si no es capaz de generar también cambios y progresos en
la cultura organizacional de las instituciones que lo ejecutan. Esta situación se
agrava aún más cuando el proyecto sirve de vehículo para reproducir y perpetuar
males que lastran ética, moral y profesionalmente a las organizaciones. La
ética es esencia, naturaleza, ADN y sin ética ningún proyecto que emprendamos
será jamás viable, sostenible o exitoso.

A modo ilustrativo y sin ánimo de
ser exhaustivos porque sería imposible abordar este tema con profundidad en un
artículo de estas características, veamos cinco ejemplos ampliamente
practicados en los que se pone en entredicho la consistencia e integridad ética
y moral durante diferentes fases del ciclo de vida de los proyectos.
Desestimación de los beneficiarios: es una violación casi
generalizada que prácticamente nadie cuestiona. En mi experiencia con
universidades y centros de investigación son contadas las veces en las que he
visto un verdadero trabajo de identificación y formulación en el que hayan
participado activamente los beneficiarios del proyecto. Por regla general, los
proyectos son diseñados por académicos, expertos y técnicos que tratan de
satisfacer los requisitos de las convocatorias a partir de la visión que se han
forjado de los problemas y la información de que disponen.
Tal vez, en la academia muchos no
vean este como un problema ético pero la lectura que hace la sociedad de esta
práctica es bien diferente. Es esta desconexión de la sociedad una
insuficiencia que por años les ha granjeado a académicos y científicos
universitarios el San Benito de que viven encerrados en una Torre de Marfil.
Es imprescindible que los
beneficiarios participen activamente en la identificación y definición de los
problemas, así como en la formulación de sus soluciones. Las razones para su
participación no son solamente éticas sino también prácticas ya que ellos
necesitan apropiarse de los resultados del proyecto y continuar su desarrollo
cuando haya terminado la ejecución.
Minimización de los socios: es algo que paradójicamente sucede con
increíble frecuencia y que contradice la esencia y vocación colectiva de un
proyecto. La verdad es que en muchos más casos de los que nos gustaría se
constata que la institución que coordina el proyecto lo diseña a su imagen y
semejanza para capitalizar fondos, recursos y protagonismo, reduciendo a meros
figurantes al resto de instituciones miembros del consorcio. Tal como en el
caso anterior, muchas veces las instituciones socias no tienen ninguna
participación en el diseño y formulación de las propuestas y son contactadas
solamente para que remitan el documento oficial que formaliza su participación,
viéndose prácticamente obligadas a aceptar el rol y los recursos que la
institución coordinadora les ha conferido. Esta es una de las causas que más
incide en el fracaso y mala ejecución de muchos proyectos, cumpliéndose la
máxima del refrán costumbrista que dicta que “árbol que nace torcido jamás su
tronco endereza”.
Recursos humanos con contratos precarios: muchas instituciones
tienen grandes limitaciones para contratar personal y utilizan los proyectos
para cubrir total o parcialmente las partidas presupuestarias de salario de
algunos profesionales vinculados al proyecto. Si bien esto es positivo como
solución paliativa, lo que ocurre en la práctica con relativa frecuencia es que
a través de los proyectos se contrata a personal en condiciones de extrema
precariedad sea por el tipo de contrato, su duración o el grado de
remuneración, observándose muchas veces que se eternizan las figuras del
becario o del profesional sin derecho a progresión de carrera. Esto contrasta
con el estatus que por lo general ostenta el coordinador y otros funcionarios
de plantilla que gozan de condiciones de mayor estabilidad y disfrutan de derechos
y beneficios con los que los contratados en el marco del proyecto no pueden
soñar. Esta es una situación que se reconoce altamente nociva para el buen
desarrollo de los proyectos por el clima desmotivador y conflictivo que generan
las notorias diferencias contractuales entre los profesionales.
Ego desmedido de los directivos: no pocos proyectos padecen del
egocentrismo de sus directivos. Este es un mal bastante arraigado y tolerado en
el que los proyectos devienen en pequeños feudos en los que se instaura la
tiranía del coordinador, que se siente amo y señor y se comporta como tal. En
situaciones de esta índole es común que los proyectos se estructuren en función
del beneficio personal del coordinador lo que muestra una significativa falta de
integridad. Algunos síntomas que se manifiestan en estos casos suelen ser que
el coordinador es el que más tiene que ganar aunque no sea en la practica el
que más aporta al proyecto, es el que centraliza todo el poder, el que tiene
mayor visibilidad y recibe los créditos del trabajo aunque muchas veces este
haya sido ejecutado por terceras personas. Igualmente, se asocian estos casos a
procesos de toma de decisiones arbitrarios y a incidentes de acoso y bullying
laboral. El refranero popular ilustra estos casos con la filosofía del embudo,
lo ancho para unos y lo estrecho para otros o el haz lo que yo digo pero no lo
que yo hago. Estos comportamientos son extremamente corrosivos y están en las
antípodas del liderazgo efectivo que debe caracterizar a una buena gestión de
proyectos.

Las situaciones esbozadas son
solo algunas en las que se pone de manifiesto el dilema ético en la gestión de
proyectos. Muchas otras actitudes deshonestas como el plagio, el robo de ideas,
la infracción de los derechos de propiedad intelectual, la manipulación de datos, las malas prácticas
de investigación, el uso de un mismo resultado de investigación para justificar
diferentes proyectos, la publicación reiterada de artículos refritos que
contienen la misma información y que se maquillan en su forma para multiplicar
el número de publicaciones sin aumentar la actividad de investigación, el hacer
por hacer para cumplir lo planificado pero sin observar patrones estándares de
calidad, el contratar servicios de menor calidad por ser más baratos sin medir
el impacto que tienen para el proyecto, el manejar plazos irreales o planificar
acciones que luego no van a ser ejecutadas para ganar una licitación, la
desigualdad de oportunidades en el acceso a la información y el empleo, la
contratación de familiares o amigos, el uso en beneficio propio de información
confidencial así como de contactos políticos, profesionales y corporativos son
otras prácticas que corroboran que no vale todo y que hay proyectos cuya
implementación deja mucho que desear.
En fin, resulta evidente que la
ética es un componente crítico para el éxito de cualquier proyecto. Sus
fundamentos podrían resumirse en exigir a los otros, pero sobre todo a nosotros
mismos un comportamiento honesto y responsable amparado en el respeto, la
equidad y la justicia. Un comportamiento ético genera confianza y esta a su vez
resulta esencial para un liderazgo efectivo y un propicio clima de
colaboración, que son excelente caldo de cultivo para un proyecto exitoso. Esta
es al menos mi visión. ¿Qué piensas tú?
Excelente el artículo! Sobre todo, me gusta la última parte en la que dices que es necesario observar las siguientes virtudes: "respeto, equidad y la justicia" como bases para un comportamiento "honesto". Esas son virtudes olvidadas muchas veces en nuestras instituciones. Se buscan toda suerte de manipulación para justificar comportamientos no éticos, como los que mencionaste.
ResponderEliminarRealmente, te felicito por el gran aporte tuyo al debate. Voy a socializar al máximo este artículo tuyo!
Gracias
José
Muchas gracias José B. Villalba. Lo llamativo de estos comportamientos no éticos es que son cotidianos o frecuentes, se convierten en una práctica aceptada en muchas instituciones y no se evalúa el impacto negativo que tienen en los valores y la cultura organizacional de nuestras instituciones. Me alegra que te haya gustado y resultado de interés. Saludos cordiales,
EliminarQuerido Carlos:
ResponderEliminarSólo quiero compartirte que estoy por incorporarme a colaborar con una institución que maneja diversos niveles educativos y en donde la internacionalización es hoy por hoy un reto latente. Más allá de eso, tu artículo contribuye a todo tipo de institución y momento. Particularmente en la actualidad cuando la ética, no es moneda de cambio que abunde en el "mercado". Te comparto que será uno de los materiales con los que inicie la capacitación que dará inicio a mi gestión con 153 profesores.
Siempre un gusto leer tus reflexiones.
Recibe un abrazo y seguimos en contacto.
Un placer que sea de utilidad y que sirva para que durante tu capacitación se pueda reflexionar y debatir sobre un tema de extraordinaria importancia, especialmente cuando nos vemos expuestos a la interacción de diversas culturas, tradiciones y valores que deben ser armonizados como es el caso de los proyectos de carácter internacional. Gracias por el feedback y muchos éxitos en tu nueva actividad profesional.
Eliminarme interesa el desarrollo del proyecto Observatorio Etico Empresarial y me interesa contactos con otros grupos con orientación para financiamientos y capacitación al respecto. saludos
ResponderEliminarMe gusta la forma en que enfocas diferentes aristas sobre la ética en los proyectos. Felicitaciones
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