18 feb. 2014

Una asociación cuando menos muy atractiva

En estos últimos días he estado intercambiando algunas comunicaciones con la secretaría ejecutiva de la Asociación Universitaria de Europa del Este [Eastern European University Association (EEUA)] una organización fundada en 2010 y que tiene como objetivo primordial fomentar e impulsar la internacionalización y cooperación internacional universitaria de las instituciones de educación superior de Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

Estos contactos me han permitido conocer el encomiable trabajo que la EEUA viene desarrollando en su corto período de existencia y me han dado pie para comenzar a trabajar en un artículo sobre la importancia del trabajo de investigación que cada universidad y en específico sus servicios especializados de relaciones internacionales deben realizar en la búsqueda constante de nuevos socios y oportunidades de cooperación que canalicen a una dimensión internacional amplia y plural las potencialidades de su institución en materia de educación, investigación científica y tecnológica e innovación.

La verdad es que cuando se analiza el flujo de la cooperación internacional de las instituciones de educación superior de América Latina no sólo llama la atención el insuficiente volumen de cooperación regional, sino también resulta llamativo que sin diferencias notables un número considerable de las universidades de la región concentran su intercambio académico y científico en un núcleo muy limitado de instituciones que se localizan en su gran mayoría en América del Norte y Europa Occidental, con un peso significativo, muchas veces superior al 50% del volumen de intercambio con instituciones de España o Estados Unidos, en dependencia de los vínculos históricos y culturales, la orientación de las políticas de ayuda al desarrollo, la existencia de programas de financiación a las actividades de educación y ciencia y la localización geográfica de las universidades latinoamericanas.

Incluso las universidades de mejor proyección internacional y por consiguiente las que presentan un panorama más diverso, completo y equilibrado de alianzas internacionales exhiben también, en mayor o menor grado, vínculos institucionales funcionales y activos en Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Holanda, Bélgica y Portugal, este último especialmente en el caso específico de las universidades brasileñas. No obstante, entre este grupo de avanzada resulta verdaderamente difícil encontrar universidades que respondiendo a su estrategia de internacionalización hayan logrado construir vínculos sólidos, estables y fluidos con instituciones de otras regiones del mundo. Alianzas a todas luces viables atendiendo a la pujanza y crecimiento de sus economías, los ecosistemas de innovación que poseen y especialmente considerando la calidad de sus instituciones universitarias, lo que en su conjunto constituye una excelente materia prima para impulsar acciones que conlleven a ampliar y diversificar el radio de acción de las universidades latinoamericanas, algo que resulta un imperativo en tiempos en los que el alcance e impacto de la educación y la investigación son incontestablemente de dimensión planetaria.

Podría, por tanto, dedicar este artículo a la necesidad de explorar nuevos espacios de cooperación en Asia (China, India, Corea del Sur, Taiwán, Malasia), Oceanía (Australia, Japón, Nueva Zelanda) o en África y Medio Oriente (Suráfrica, Israel, Egipto, Emiratos Árabes) por sólo mencionar algunos de los países con instituciones de educación superior de reconocida calidad con los que apenas existen relaciones. Sin embargo, quiero aprovechar el contacto con el personal de la EEUA para poner en valor las potencialidades de cooperación académica y científica entre las universidades de América Latina y Europa del Este, una asociación que tiene todo para ser productiva, enriquecedora y mutuamente ventajosa.

Potenciales beneficios de una asociación con las universidades de Europa del Este

Para justificar el valor estratégico de estrechar vínculos institucionales con las universidades de Europea del Este, tal vez me bastaría con referir que su sistema universitario y por consiguiente las instituciones que conforman la EEUA atesoran una larga experiencia y gozan de un reconocido prestigio internacional, ya que el núcleo central de sus universidades son instituciones con siglos de historia en las que han destacado por la calidad y rigor de su formación académica y alto nivel de investigación.

Una mirada a los rankings más recientes muestra un excelente posicionamiento de las universidades de este bloque. Por ejemplo en el QS University Rankings: BRICS 2013, en el que se consideran las mejores 100 universidades de los 5 países con las principales economías emergentes, Rusia consiguió ubicar 19 universidades, sólo por detrás de las 40 instituciones de China y superando en número de universidades a Brasil, India y Suráfrica. Ese mismo ranking coloca a la prestigiosa Universidad Lomonosov en tercer lugar, mientras la Universidade de São Paulo, que es la mejor posicionada de Brasil y la mejor clasificada de América Latina en los rankings globales, aparece en el lugar 10. Otro de los rankings publicados recientemente, el de Times Higher Education para los BRICS y otros países con economías emergentes ubica a estas dos universidades como las mejores de Rusia y Brasil en los lugares 10 y 11 respectivamente.


Por tanto, si a una calidad indiscutible de sus universidades, agregamos que en consonancia con su estrategia de internacionalización y como parte de su política de colaboración con las instituciones de educación superior de la Unión Europea, las universidades de este bloque han adoptado plenamente el Proceso de Bolonia y participan activamente de la casi totalidad de los programas europeos, podemos concluir que su valor para América Latina no se limita a la capacidad para construir valiosas alianzas interinstitucionales de orden bilateral sino también como potenciales socios en redes y consorcios de programas de la Unión Europea en los que una adecuada representatividad geográfica se convierte en un elemento de especial relevancia a la hora de evaluar y seleccionar las propuestas que son financiadas.

No menos relevante, sería tomar también en consideración las relaciones privilegiadas que las instituciones de estos países han ido construyendo en los últimos años con universidades y centros de investigación de excelencia en Asia y el trabajo que vienen desempeñado en acciones de cooperación al desarrollo en África y en algunos países con menos nivel de desarrollo en la región asiática. En este sentido, las universidades de Europa del Este pueden convertirse en una vía de acceso privilegiada a otras regiones con las que Latinoamérica necesita estrechar sus relaciones en materia económica y comercial y donde las universidades por la diversidad y ductilidad de su capacidad de intervención pueden funcionar como agentes catalizadores de otras acciones de cooperación que trasciendan el ámbito académico e investigativo.

En cualquier caso, lo que me ha llevado a compartir esta reflexión es la constatación en primera persona del excelente trabajo que la EEUA está realizando en materia de internacionalización y del interés que me han manifestado por explorar e identificar áreas de interés mutuo con las universidades de América Latina. Como parte de esta política de internacionalización, la EEUA ha programado una serie de conferencias internacionales universitarias que funcionan en la práctica como rondas de negociación y networking con el objetivo específico de promover relaciones entre las instituciones participantes, analizar oportunidades de cooperación académica y científica y, de ser posible, poner en marcha acciones concretas de colaboración.

La próxima edición de esta serie de conferencias se desarrollará entre el 12 y el 14 de mayo de este año en San Petersburgo y deberá concentrar a representantes de Europa y Asia. Pienso que para las universidades latinoamericanas este tipo de evento puede ser un marco propicio para entrar en contacto con universidades de estas regiones, conocerlas y evaluar posibilidades reales para construir alianzas institucionales que resulten de interés común y que pueden ir desde el intercambio de estudiantes, profesores e investigadores hasta el diseño de programas académicos conjuntos o el desarrollo de colaboraciones entre grupos de investigación. Este evento, servirá al mismo tiempo de preámbulo de conferencias de networking similares dirigidas a América del Norte y una específica para las universidades de América Latina que ya están programadas para diciembre de 2014 y marzo de 2015 en Miami y São Paulo respectivamente.

En un mundo cada vez más global e interdependiente como el que vivimos no podemos pretender ser eficaces en nuestra estrategia de internacionalización si no tenemos una proyección y visión realmente global. No albergo dudas sobre los beneficios mutuos que reportaría a las universidades latinoamericanas y del oriente europeo establecer vínculos más dinámicos de colaboración. Las universidades de Europa del Este parecen estar dispuestas a invertir en esa asociación y sería muy positivo que ese llamado constructivo al dialogo y la negociación encontrase en Latinoamérica unos cuantos oídos receptivos.

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