28 abr. 2015

La raíz tiene que ser ineludiblemente lo primero

El oasis que vivió América Latina en los últimos años caracterizado por un sostenido crecimiento económico es ya historia. A pesar de notables progresos existe consenso entre los expertos y analistas internacionales en que la región no fue capaz de aprovechar el crecimiento de sus economías y el boom de las materias primas para estructurar un modelo de desarrollo sostenible basado en el conocimiento y el desarrollo científico y tecnológico.

Aún así, la importancia de la región en el escenario internacional es cada vez más notoria y el contexto de la educación superior no parece ser la excepción. Por eso, con alguna sistematicidad, se observan señales de la curiosidad que despierta Latinoamérica en el complejo entramado de la educación, la investigación y la innovación internacional, aunque esa atención sea más en función de sus enormes potencialidades que de la capitalización de resultados concretos de los cuales la región se pueda vanagloriar.

Algunos signos del interés por la educación superior latinoamericana

En los últimos años son varios los eventos de carácter internacional que han puesto el centro de sus focos en la educación superior latinoamericana. En el ámbito iberoamericano se llevó a cabo el III Encuentro de Rectores Universia que tuvo lugar en Rio de Janeiro en julio de 2014 y el tema fue protagonista en la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que se celebró en diciembre de 2014 en Veracruz, México.

El creciente interés de las universidades de Norteamérica se hizo patente en el Foro de Rectores de las Américas celebrado durante la Cumbre de Panamá a inicios del presente mes de abril. Este evento reunió a rectores de 35 países y contó con la participación de varias instituciones de educación superior estadounidenses y el respaldo explícito de la administración norteamericana que estuvo representada al más alto nivel por el Secretario de Estado John Kerry.  En este mismo ámbito han venido ganando importancia los Congresos de las Américas sobre Educación Internacional (CAEI) organizados por la Organización Universitaria Interamericana (OUI) y cuya próxima edición tendrá lugar en el mes de octubre en uno de los proyectos más innovadores de la región en los últimos años, la ciudad del conocimiento Yachay en Ecuador.

Por su parte, en el contexto de la relación Europa – América Latina y Caribe, se celebró en el 2013 la I Cumbre Académica ALCUE durante la I Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea (UE) en Chile y está previsto que la educación superior ocupe también un lugar destacado en la agenda de la próxima cumbre CELAC-UE que se llevará a cabo en Bruselas en el mes de junio. Como parte de los preparativos de este cónclave se ha venido trabajando en dos diferentes iniciativas, lo que denota el interés que reviste la cooperación universitaria en la agenda birregional. Por un lado, un grupo de instituciones han estado trabajando en la organización de la segunda edición de la Cumbre Académica ALCUE mientras que otras han venido impulsando un movimiento de Cumbres de Presidentes de los Consejos de Rectores del Espacio ALCUE.

Signos interesantes han llegado también de otras latitudes con menor tradición de cooperación con América Latina. El pasado mes de marzo la Asociación Universitaria de Europa del Este (EEUA), que aglutina a las universidades de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, celebró en Sao Paulo una conferencia internacional en un claro intento por diversificar y ampliar sus relaciones con las instituciones de educación superior latinoamericanas. Y más recientemente se conoció la nueva estrategia de cooperación universitaria de Australia,  uno de los países más activos en materia de internacionalización de la educación superior, que ha definido a Latinoamérica como una de sus principales prioridades, lo que hace pensar que a corto plazo se pondrán en marcha acciones concretas para garantizar una mayor intervención de las universidades australianas en las dinámicas de cooperación académica y científica con las instituciones universitarias de la región.

¿Qué hay entonces de la integración regional en materia de educación superior?

Todas estas iniciativas son válidas y todas contribuyen en mayor o menor grado a impulsar la internacionalización de los sistemas e instituciones de educación superior en América Latina. Estos eventos confieren visibilidad y protagonismo a las universidades como agentes estratégicos del desarrollo económico y social de los países de la región y les reconocen como vehículos conductores y catalizadores de esquemas de cooperación efectiva con otros bloques y regiones del mundo.

Sin embargo, estos movimientos padecen de un mal congénito que menoscaba su crecimiento y desarrollo. América Latina adolece de una visión aglutinadora que estructure e integre propósitos, objetivos y estrategias comunes a escala regional. El problema no es de falta de instituciones, porque coexisten en la región innumerables organizaciones vinculadas a la educación superior que actúan a nivel nacional, subregional o regional. El problema tampoco parece ser esencialmente de falta de una hoja de ruta. El lanzamiento del Espacio de Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Educación Superior (ENLACES) a partir de los lineamientos de la Declaración de la Conferencia Regional de Educación Superior de América Latina y el Caribe (CRES) del año 2008 definía a grandes rasgos las iniciativas y temas de mayor relevancia para vertebrar una estrategia de cooperación e integración regional en materia de educación superior.

Entonces, ¿cuáles podrían ser los problemas? En mi criterio existen dos problemas que resultan medulares y que guardan estrecha relación. La falta de un compromiso real de los gobiernos del continente para impulsar una agenda regional de la educación superior y la inexistencia de una entidad regional con la capacidad de liderazgo necesaria para aunar voluntades e impulsar un programa con iniciativas que sinteticen los objetivos e intereses comunes de la variopinta comunidad universitaria latinoamericana.

Por ejemplo, ya han transcurrido seis años desde que 40 instituciones en representación de las principales redes, asociaciones universitarias y consejos de rectores de la región suscribieron la Declaración de Lima en junio de 2009, acordando así la construcción de ENLACES y no es mucho lo que se ha avanzado en materia de integración regional de los sistemas e instituciones de educación superior del continente.

La eclosión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en 2010, como organismo intergubernamental en el que por primera vez estaban representados todos los países de América Latina y el Caribe para trabajar en la promoción de la integración y el desarrollo regional, abrió esperanzas a la articulación de una agenda y programas autóctonos en materia de educación superior, ciencia, tecnología e innovación. La posterior creación en noviembre de 2013 de la Asociación de Consejos de Rectores de Universidades de América Latina y el Caribe (ACRU-LAC) apuntaba en la misma dirección y tras la Cumbre de la CELAC en La Habana en 2014 parecía que las piezas del puzle comenzaban a encajar cuando los Jefes de Estado y Gobierno refrendaron la creación y misión de ACRU-LAC como una asociación de asociaciones con un mandato y alcance regional.

No obstante, poco se ha sabido posteriormente del ACRU-LAC. No existen prácticamente referencias documentales sobre su actividad, en tiempos en que basta un clic para ser inundados por una avalancha de informaciones. De las consultas que he hecho para escribir esta entrada se desprende que por falta de apoyos y consensos naufragó sin que tuviese tiempo de desplegar sus velas para hacerse a la mar. Este hecho, lamentablemente, habla por sí solo de la fragilidad del proceso de integración universitaria en América Latina.

En un entorno como el de la educación superior en el que la internacionalización se mueve en diferentes órbitas y a muy disímiles velocidades resulta imprescindible disponer de una hoja de ruta propia que señale el camino y marque las pautas. Queda por ver si la región encuentra los resortes necesarios para dar un nuevo impulso a ENLACES. Con ese fin se reunieron el pasado mes de marzo en Santo Domingo un conjunto de instituciones que acordaron un programa de desarrollo estratégico de la iniciativa integracionista.

En lo personal, soy ahora más escéptico que hace un año cuando abordé este tema en las entradas ¿Qué hacer para que despegue la internacionalización en América Latina? y Utopía o proyecto. Sigo creyendo que los puntos que resalté entonces en esas reflexiones son de primerísimo orden, pero con el fin de la bonanza económica será aún más complicado que los mandatarios latinoamericanos comprometan ingentes recursos para impulsar un gran pacto regional en pro de la educación superior. En el plano nacional hay algunas iniciativas que exhiben alentadores resultados pero de forma general son aún muy insuficientes de acuerdo con la demanda y las necesidades de desarrollo económico y social de la región. Programas como Ciencias sin fronteras en Brasil o la apuesta integral por el talento humano en Ecuador expresada en los programas Prometeo o Becas de Excelencia constituyen los epicentros más notorios de una apuesta por el conocimiento que encuentra réplicas de menor dimensión en otros países latinoamericanos.

Los procesos de cooperación requieren de fondos y de una planificación a mediano y largo plazo. Desafortunadamente, hoy día, el núcleo fundamental de la actividad de las universidades latinoamericanas en materia de cooperación internacional continúa a merced de la iniciativa aislada de profesores e investigadores y de la oferta de financiación de programas y organizaciones de otras regiones del mundo.

Se debe tener conciencia que el reto de construir una educación superior de calidad, reviste en América Latina un carácter especialmente colectivo. La fuerza y potencialidades de la región están justamente en saber capitalizar las capacidades de cada uno de sus países y sistemas de educación superior, en poder contar con la participación y colaboración de todos los actores clave. Por eso, trabajar en la unidad y la integración es la mejor forma de robustecer la raíz que permitirá un crecimiento y desarrollo sostenible de sus instituciones. No se puede pensar en impulsar esfuerzos asociativos viables con otras regiones del mundo en materia de educación superior cuando aún está pendiente el ordenamiento de la propia casa. Mientas esa obra no se acometa la cooperación internacional de las universidades latinoamericanas seguirá siendo espontánea, dispersa, reactiva y esencialmente dependiente de la agenda y la financiación externa.

3 comentarios:

  1. Muchas gracias Carlos por el excelente artículo. Completamente de acuerdo con el artículo en cuestión, se necesita unidad y convergencia para construir una educación superior de calidad.

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  2. Excelente Carlos, completamente de acuerdo.

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  3. Muchas gracias Vanessa y Ruth. Me alegra que les haya gustado esta reflexión. En verdad, es una preocupación que compartimos muchos sobre el estado de integración de un sector estratégico para el desarrollo de América Latina como es la educación superior.

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