Moviéndome en la misma cuerda de la entrada anterior en la
que abordé el carácter institucional de la internacionalización y la
importancia de que el espíritu de colaboración fragüe dentro de la institución
como materia prima para una adecuada proyección internacional, continuaré en
esta entrada desbrozando elementos relacionados con la internacionalización
universitaria a partir de imágenes sesgadas sobre este proceso en las
instituciones de educación superior (IES).
Por consiguiente, voy a recurrir a otro de los
estereotipos más frecuentes, el que lastimosamente reduce a la
internacionalización a acciones de movilidad docente y estudiantil en
detrimento de muchas otras manifestaciones que pueden ser implementadas a nivel
internacional en el seno de una institución universitaria con los más variados
objetivos: mejorar el prestigio y visibilidad, fortalecer la capacidad
institucional, mejorar la calidad de la docencia y la investigación, contribuir
al desarrollo económico local o regional, tributar a la producción de
conocimiento o generar ingresos por sólo citar algunos de los propósitos por
los que una universidad apuesta por la internacionalización.